Y así, corría Rayito con sus pequeñas patitas en forma de estrella de un lado al otro del largo cuerpo de Coco.
Las perfectas figuras geométricas que resaltaban en la piel de Coco, hacían cosquillas en las patitas de Rayito y el más rápido de todos los lagartos del Litoral Mediterráneo no paraba de reír y reír, tanto reía, que sus carcajadas se escuchaban en toda la huerta.
Cuéntame Galicia querida,
cuantos secretos escondes.
De pensamientos.
Del silencio del caminante.
Cuéntame Galicia querida,
de mis bisabuelos emigrantes.
Aquellos que llegaron a Cuba,
dejando tu huella en mi sangre.
Cuéntame de los hórreos vacíos.
Cuéntame de tu aparente frío.
Si hoy el sol me ha quemado,
si parto con el alma repleta,
de tus aguas, de tu verde,
del caminar y del camino.
De aquel faro y Finisterre.
De Santiago convertido en destino.
Cuéntame Galicia querida,
pero no me cuentes todo.
Déjame las ganas del retorno.
Danay Hernández de León
FAROS…
– yo: ¿Podré ver las luces de La Habana desde Finisterre?
– él: Cierra los ojos…
DANAY HERNÁNDEZ DE LEÓN
¿Y si las luces de los faros, no son más que guiños a la luna?
La conexión entre personas que no se conocen y aun así desde geografías distantes, las emociones y sentimientos navegan en conjunto, como flotas de barcos en medio del océano, a eso, le llamo magia.
Emigrante soy.
Lo sé.
Descubierta por un acento,
no común en la tierra que habito.
Emigrante soy.
Lo sé.
Como soy guajira,
madre, hija, amante y amiga.
Emigrante soy.
Lo sé.
Como fue mi abuelo.
Él, de Garachico a Villa Clara.
Yo, de San Antonio de los Baños a Alboraya.
Emigrante soy.
Lo sé.
Y me agoto de vivir en un mundo con fronteras.
Emigrante soy.
Lo sé.
Descalza, desnuda, viva, mía.
DESCALZA, DESNUDA, VIVA, MÍA.
DANAY HERNÁNDEZ DE LEÓN.
Contradicciones
¿Y si nos enamoramos?
No yo de ti, ni tu de mi.
Sino tu, de ese sonrojo ingenuo que no crees
y llega cuando pronuncio tu nombre.
Y yo de esa vulgaridad que encierra tu ser
y acompaña la más profunda de todas las canciones.
¿Y si no nos enamoramos?
ni yo de ti, ni tu de mi.
Sino de eso que somos cuando estamos juntos.
Pues sí amigos, antes de Coco, hubo un Cocodrilo llamado Lepanto. Se crió en una casa en la calle Alboraya, conocida como «La casa de la Huerta». A diferencia de Coco, ese cocodrilo, no se desorientó, ni tenía a lagartos y lagartijas como amigos. Llegó a Valencia destinado a ser una pieza de colección. Un objeto exótico que llegaba del nuevo mundo en el siglo XVI, como obsequio a San Juan de Ribera fundador del colegio mayor.
Descubrirlo fue todo un acontecimiento para mi. El pasado sábado 23, tras la sobremesa de una paella exquisita en el huerto, Rafa, un amigo con el que tengo la suerte de compartir un trozo de tierra del proyecto Del Camp a la Cuina, me habló de Lepanto.
Sin dudar un segundo, el domingo 24, esta guajira cogió la bicicleta y no paró hasta llegar al antiguo Colegio del Patriarca en pleno casco histórico de Valencia, donde se encontraba Lepanto.
Allí estaba, impresionante figura. Su cuerpo disecado sobre la pared blanca y gastada del vestíbulo del colegio. Fue un momento especial, reafirmar como la vida esta llena de coincidencias que le dan un tono mágico a nuestra existencia.
Inmediatamente mi cabeza sólo pensaba en 5 palabras claves, que 5 siglos después, han vuelto a rondar una historia contada en Valencia.
Detrás de la figura de Lepanto, se esconde una importante leyenda urbana, que por siglos, acompaña la historia y cultura valenciana y que Blasco Ibáñez recrea en uno de sus cuentos.
Coco ya tiene un sombrero para poder caminar. Coco es un cocodrilo con gran personalidad. Queridas niñas y niños, ustedes han vuelto a crear, una fantástica historia para yo poder contar. Gracias pequeños trotamundos.
Nuestro primer sombrero. Lo ha diseñado Valentina. Un sombrero frutal y floral, muy caribeño. Como la historia de Coco, es una historia de todos, Valentina se da el gusto de convertir al señor Ramón en un lagarto tejedor. Gracias Preciosa.
Aquí los tenemos de nuevo. Nuestros imprescindibles Ian Pablo y Frank. Ellos decidieron regalar sus sombreros a Coco. Estoy segura que Coco lucirá con mucho flow, al igual que ustedes, cuando tenga puesto vuestros sombreros. Gracias pequeños.El look de Coco, con el diseño de Oniel es fantástico. Oniel ha diseñado un sombrero con semillas de árboles y como si fuera poco, ha potenciado este look con una pañoleta roja. Es genial Oniel. Gracias pequeño.Este lindo sombrero de camuflaje lo ha diseñado Keily. Coco está tan feliz con este sombrero, que ha cogido micrófono en mano y se ha puesto a cantar. Gracias preciosa.Queridos amigos, este no es un sombrero cualquiera, nuestra querida Verenice lo ha diseñado especialmente para que Coco pase sus vacaciones. Es fantástico, porque en el verano Mediterráneo y Caribeño el sol calienta con fuerza y debemos cuidar a Coco, así como debemos protegernos nosotros también. Gracias preciosa.Este es un sombrero especial. Nunca pusimos límite en la edad de la infancia. Ahora recuerdo a una amiga que cuando compartió la primera publicación de Coco, escribió: «Este es un cuento para niños de 1 a 100 años» y así fue. Este dibujo lo envía Pablo desde cualquier edad de la infancia.Aquí está el sombrero de nuestra Alma querida y dejo que su voz os cuente, porque cuando Alma aparece, esta Guajira solo quiere disfrutar de sus dibujos, sus cuentos y de su voz. Gracias Pequeña.Este sombrero es una exclusividad. Nos llega desde Hialeah Gardens y lo envía Matthew. Su intención es asegurarse que el sombrero no saliera volando. Es una gran idea. Gracias Pequeño. Este sombrero lo envía Katheleen y llega con diálogo incluido: MrsVicky: ¿Katheleen le pondrás una flores o alguna decoración bonita? Katheleen: Mrs Vicky «You know what». Las flores se mueren en el Océano Tienes razón pequeña, tu sombrero es estupendo. Gracias preciosa.
Desde la llegada de Coco a Alboraya, Rayito, Sebastián y Tina están muy pendientes de él, de que descanse, se recupere y coja fuerzas antes de partir al Mar de la Antillas.
El equipamiento para el regreso de Coco está listo, además le acompañará todo el Cuerpo de Lagartos y Lagartijas del Litoral Mediterráneo.
Coco cuentas historias maravillosas. Todos quieren conocer el origen de Coco y saber sobre las verdes islas del Mar de las Antillas. Entre tanto, Rayito, Sebastián y Tina, quieren llevar a Coco a tomar una rica horchata.
La horchata, es la bebida típica de la tierra valenciana, pero a nadie le cabe duda, que la horchata más rica es la que se toma en Alboraya.
Sebastián está convencido, que la horchata, dará a Coco energía y felicidad, pero Coco no quiere caminar. Le falta su sombrero y se pregunta dónde estará.
No es un sombrero cualquiera, es un canotier muy particular.
Coco sin su sombrero no puede caminar.
Es un cocodrilo con gran personalidad.
¿Qué podemos hacer ahora?
¿Qué ideas se nos ocurrirán?
Sin su sombrero de paja, Coco no se arrastrará y la rica horchata, no podrá probar.
Tina, la más hermosa de todas las lagartijas del pueblo, recordó que en Alboraya hay un gran fabricante de sombreros.
Es el señor Ramón, de 105 años y un gran barrigón. Ramón tiene destreza en sus manos tejedoras, pero necesita diseños para fabricar sus obras.
A Rayito, que atento escuchaba lo que Tina comentaba, de pronto se le ocurrió una gran idea.
Más derecho que una vela a todos convocó y con su Silbido Supersónico, esto fue lo que leyó:
Queridas niñas y niños, Coco necesita un sombrero para poder caminar. Coco es un cocodrilo de gran personalidad. El señor Ramón, sabe tejer con gran habilidad, pero para ello, vuestros diseños necesitará.
Queridos amiguitos no me hagan esperar, que Coco debe probar la mejor de las horchatas antes de regresar a su casa.
Nos iremos todos juntos al Mar de las Antillas. Allá descubriremos sus islas y sus maravillas.
Cien sombreros llegarán y en aventureros nos convertirán.
Escrito por Alma de los Angeles Zaldivar Fernández, el 11 de abril de 2020.
LA TORTUGA VOLADORA
Había una vez una caguama que vivía en el fondo del océano. La caguama tenía unas aletas enormes para nadar. Su cabeza era corta y su cola era fina y pequeña. El caparazón era más grande que una roca marina. A la tortuga le gustaba el mar, pero siempre había querido ser como un pájaro.