Escrito por Alma de los Angeles Zaldivar Fernández, el 11 de abril de 2020.

Había una vez una caguama que vivía en el fondo del océano. La caguama tenía unas aletas enormes para nadar. Su cabeza era corta y su cola era fina y pequeña. El caparazón era más grande que una roca marina. A la tortuga le gustaba el mar, pero siempre había querido ser como un pájaro.
Un día como otros, la tortuga se sentía aburrida, entonces se le ocurrió una gran idea y empezó a contarla por todo su vecindario. Pero cuando se la contó a su mejor amigo, el cangrejo, este le contestó con una cara preocupada:
– ¡No puedes ir a ver al pulpo! ¡Es una mala idea! Dicen que sus hechizos no tienen marcha atrás.
Pero la caguama se mantuvo firme y le suplicó al cangrejo que fuera con ella. Al cangrejo le dio lástima y tuvo que aceptar.
Cuando llegaron, el pulpo estaba rezando delante de un ángel pintado en la pared. Había silencio, era un lugar oscuro y sombrío. Las paredes estaban llenas de telarañas de algas y en el mismo medio de la sala se encontraba el pulpo. Tenía un sombrero de sabio, largo y puntiagudo. También tenía unos zapatos de bronce y de plata y un bastón de boa. Sus ojos estaban cerrados, pero cuando oyó aletear a la caguama, los abrió. Eran rojos oscuros y en las pupilas tenía pintada una llama de fuego.
El cangrejo retrocedió, jaló a la tortuga por la aleta y le dijo en voz baja:
– Este lugar da miedo, ¡Vámonos!
En ese momento el pulpo le preguntó a la caguama:
– ¿En qué puedo ayudarlos?
Entonces el cangrejo dio un paso al frente y gritó:
– ¡Nada que le importe! ¡No dejaré que le hagas daño!
La caguama, con su aleta izquierda echó al cangrejo para atrás y le pidió disculpas al pulpo. Este preguntó:
– ¿Crees que puedes venir aquí e insultarme con ese cangrejo?
La caguama miró abajo y dijo:
– Señor pulpo, hemos venido aquí solamente por un hechizo.
– ¿Quieres una poción? Bueno, pasa a mi salón, le respondió el pulpo.
Los condujo por un pasillo hasta una sala iluminada por diamantes y pociones mágicas. En la entrada había dos estatuas de unos perros muy grandes. Cuando pasaron al interior vieron muchas pociones mágicas, pero nadie las sabía diferenciar, excepto el pulpo. Se sentaron en dos sillones viejos de cojines rojos, pero el pulpo se sentó en un trono de diamantes y perlas.
– ¿Qué hechizo deseas?, preguntó el pulpo.
– Quiero una poción que me haga volar con mis propias aletas.
– Bueno, tengo una poción que te hará volar para siempre, pero escucha con atención; no podrás volver al mar ni siquiera a ver a tus amigos.
La caguama puso cara de preocupación y el cangrejo, cara de tristeza.
¿Lo deseas? ¿Sí o no? dijo el pulpo.
La caguama se tardó un buen rato en contestar, pero al final, mirando fijamente al pulpo, le dijo:
– Sí, la quiero, por favor.
Entonces el cangrejo miró abajo y repleto de tristeza, se marchó.
– ¿Estás segura de tu decisión?
La caguama respondió:
– ¡No me preocupa, tendré muchos amigos!
El pulpo, con sus largos tentáculos, le dio la poción y en un instante, la bebió.
Entonces le dijo:
– Al atardecer, sal a la superficie y mueve tus aletas tres veces.
La caguama cumplió lo que le dijo el pulpo. Cuando terminó de agitar las aletas, la brisa la levantó, las movía hacia atrás como si estuviera nadando. Voló en círculos, en triángulos, en sig-sag y en línea recta. En su cara se veía pintada una sonrisa larga y fina.
Como ya estaba anocheciendo, decidió bajar y se acostó debajo de una palmera. Al otro día salió a volar y se encontró con una ciudad humana.
– ¡Humanos! exclamó con gran entusiasmo.
Descendió su vuelo para poder observar mejor a los humanos, pero cuando estos la vieron, se entusiasmaron tanto que quisieron tenerla en su pueblo para siempre y reproducirla. Llamaron al mejor cazador del mundo y la atraparon en un dos por tres. Cuando la pusieron en un acuario especial, la caguama se sentía sola y triste, ya no tenía la alegría con que le habló al pulpo cuando aún estaba en el mar. En ese momento entró la más bella pero la más mala y ruda cuidadora de animales y que nunca estaba conforme con lo que tenía. Se llamaba Avaricia y él dijo con gruesa voz:
– ¡Me vas a hacer ganar mucho dinero, renacuajo gigante!
La caguama la miró con cara furiosa y murmuró:
– Esta me cae mal, no se sabe mi nombre.
Esa noche, la caguama se sentía sola y triste. En ese instante escuchó un ruido, unos leves pasitos que se oían como el ritmo de dos maracas. Cuando salió a la luz, descubrió que era el cangrejo.

– ¡Hola buena amiga! – dijo el cangrejo felizmente.
La caguama le dijo:
– ¡No des un paso más! Esta sala está llena de trampas.
Avaricia escuchó los ruidos y murmullos. Entonces entró a la sala, pero el cangrejo se había escondido detrás de una pila de cubos y papeles. La misma Avaricia se dio tres cocotazos en su cabeza y dijo:
– ¡Imaginaciones!
El cangrejo le dijo a la caguama:
– ¿Cómo te saco de aquí?
-Hay una llave colgada del cuello de la humana.
– ¿Y cómo llego a ella?
– Eso lo debes descubrir tú mismo.
El cangrejo se escurrió por un hueco en la puerta y enseguida llegó a la sala donde se encontraba Avaricia. Vio la llave y dijo:
– Esto es difícil, pero lo voy a hacer… por mi mejor amiga.
Se trepó por unos hilos colgados de la mesa y se escondió detrás de unas macetas y vasos que había sobre ella. Cuando la humana se descuidó, se le subió al cuello y con mucho cuidado, le quitó la llave. Fue corriendo silenciosamente a la sala donde se encontraba su amiga. Cuando el cangrejo abrió la jaula y salió la caguama, esta le dijo al instante:
– ¡Móntate cangrejito, no queda mucho tiempo! La humana Avaricia revisará esta sala dentro de dos minutos.
Pero ya era demasiado tarde, la humana había llegado a la sala. Entonces cogió la red pero no pudo atraparlos. La tortuga hacía esfuerzos por no caer en la furia de la humana.
Avaricia corrió a cerrar las ventanas, pero los amigos salieron muy rápido de ese lugar.
La caguama alzó el vuelo y llegó muy rápido al mar. Entonces le dijo al cangrejo:
– Gracias buen amigo, te voy a extrañar. Al menos al atardecer podremos estar juntos. Se echaron a llorar tristemente, pero al tener contacto sus cuerpos, una flor de brillo mágico apareció en el medio de ellos dos. Los amigos se quedaron asombrados, boquiabiertos y paralizados. En ese instante, la flor cobró vida y habló:
– Ya has aprendido la lección, Caguama. El poder del verdadero amor los ha salvado. Ahora, nunca desees más de lo que puedes tener. Vuelve al mar con tus amigos y nunca, nunca, olvides lo que te pasó y cuando tengas hijos, le contarás la historia y ellos se la contarán a sus hijos y ellos a sus hijos y así tu familia nunca olvidará la importancia de ser feliz con lo que tienes.
FIN.

El mundo de Alma.
Colección de aves, animales de granja y animales salvajes
AVES
ANIMALES SALVAJES.
ANIMALES DE GRANJA.
Gracias por este regalo Alma.































Franky zaldivar
Muchas gracias Danay. Por aquí el papá de Alma, gracias tambien a Carlos Lazo ya que a través de él te conocimos, gracias por el esfuerzo y gracias sobre todo a estos tiempos que nos une. Disfrutamos mucho la publicacion, la compartimos con emoción y en familia, gracias por este momento y esa chispa que has creado.
Danay Hernández de León
Gracias a ustedes, por la educación que han dado Alma, y por permitir que todos podamos disfrutar de la sensibilidad y ternura de sus dibujos y su cuento.
Karangcuba
Bello cuento y su imaginación. Sus pinturas y sus seres. Adoro a mi Almita. Besitos y me muero por darle un fuerte abrazo.
Danay Hernández de León
Gracias!
Janet González luzbert
Es una niña muy creativa y con mucha imaginación lo sé porque la conozco muy bien es la hermana de la hija de mi esposo felicidades por este cuento tan bonito
Maria del Carmen
Enhorabuena Alma ,me han encantado el cuento y tus dibujos ,espero seguir disfrutando de tu creatividad e imaginación Besitos
Manuel Lopez Pavón
Soy Lucia desde España he leído tu cunto. y me ha gustado mucho y tiene unos dibujos. preciosos se nota que eres de familia de artista