Coco se ha perdido.

Queridas niñas y niños, hay algo que debo contaros y necesitaré de vuestra valiosa ayuda. Así que por favor, escuchad con atención.

Vivo en un hermoso pueblo llamado Alboraya. Pueblo de tierra fértil y mar abierto.

Con la llegada de la primavera, también ha llegado Coco, un cocodrilo que, desorientado, ha venido nadando desde el Mar de la Antillas.

Pobre cocodrilo Coco que nadó y nadó.

Sin saber el Océano Atlántico cruzó,

y en el mar Mediterráneo se quedó.

Coco apareció en uno de los canales más bonitos que hay en Alboraya. Menos mal que ningún humano adulto lo vio, sino, ¡se imaginan ustedes el escándalo!

Coco ya no tiene dientes. Es muy viejito, sin embargo, su piel es hermosa. Parece formada por pequeñas figuras geométricas puestas en relieve con mucho cuidado.

Coco estaba cansado. Ha sido un viaje largo y con las pocas fuerzas que le quedaban solo pudo arrastrarse desde la orilla de la playa hasta un pequeño huertecito cerca del pueblo.

Allí lo encontró Rayito, el lagarto más veloz que jamás se ha visto. Rayito era el jefe del cuerpo de lagartijas y lagartos del litoral Mediterráneo. Un lagarto muy respetado y de gran corazón.

Cuando Rayito encontró a Coco, desfallecido en medio de dos surcos de alcachofas, sabía que él solo no podía reanimarlo. Inmediatamente alzó sus dos paticas delanteras e hizo su supersónico silbido. En menos de lo que canta un gallo aparecieron alrededor de Coco un centenar de lagartijas y lagartos. Entre todos le dieron unos lengüetazos a Coco, y poco a poco Coco fue despertando.

Débilmente, Coco contó su historia a Rayito en presencia de todos los lagartos y lagartijas que allí se reunieron. Coco solo quiere regresar a casa con su familia y sus nietos cocodrilitos.

Coco extraña su casa y su Mar de las Antillas.

Rayito comenzó a correr enérgicamente de un lado a otro. Así era como organizaba las mejores ideas. Se detuvo y con firmeza ordenó:

– Sebastián, reúne a todos los niños que puedas. Solo ellos tienen la capacidad de diseñar un buen plan, para devolver a Coco a su casa.

Vamos, corre, corre. ¡Pero que lagarto tan empanado!

Tres horas más tarde, Sebastián regresó al huerto con una extraña noticia. No había niños a la vista.

Tina, la más hermosa de todas las lagartijas del pueblo, se cruzó con Sebastián mientras éste, buscaba a los niños por todos los rincones. Tina le contó, que los niños, estaban dentro de sus casas y no podían salir. Estaban cumpliendo una importante misión.

Un virus invisible para los ojos de los reptiles, ha invadido el planeta. Este virus solo podrá desaparecer, si todas las niñas, los niños y el resto de los humanos se quedan en sus casas, así cuando el virus quiera atacar, no encontrará a nadie, se cansará de dar vueltas en el lugar y desaparecerá.

– Ajá! Exclamó Rayito después de escuchar a Sebastián. Pues bien, eso no impedirá que los niños puedan ayudar a que Coco regrese a su casa.

Sebastián, toma papel, lápiz y escribe el siguiente mensaje que leerás con tanta fuerza que todas las niñas y los niños puedan escuchar desde sus casas.

Queridos niños y niñas: Coco es un cocodrilo y además es nuestro amigo. Se ha perdido y debemos ayudarle a regresar a su casa en el Mar de las Antillas. La comunidad de lagartos y lagartijas no sabe como hacerlo. Necesitamos que nos deis ideas. Por favor enviar un dibujo con vuestras propuestas. A la dirección del Estado Mayor del cuerpo de LAGARTOS Y LAGARTIJAS DEL LITORAL MEDITERRÁNEO. Vuestros papis os podrán ayudar en el envío. Todas vuestras ideas serán muy valiosas. Coco necesita regresar a casa.

Mateo y Tirson, nos encantan con sus voces.

Danay Hernández De León

Los dibujos los puedes enviar a la siguiente dirección:

 ayudaacoco@gmail.com

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